-Son las once y treinta y dos minutos- La despertó la mujer que daba las noticias cada hora en la radio.
Jules amaneció con una amarga sensación en la boca. Ya había dormido mucho, demasiado quizá. Se levanto, camino lentamente hacia el baño y se miro en el espejo.
-Maldición- pensó en voz alta.
Ya casi ni se reconocía, las drogas habían hecho estragos en ella. De su hermosura innata solo se
vislumbraban algunos pequeños rasgos. Sus grandes ojos oscuros y expresivos, aunque ya carentes de ese brillo que antes los distinguían, resaltaban en el delicado rostro pálido pero encantador. Se encontraban rodeados por oscuras y profundas ojeras que inevitablemente indicaban que algo andaba mal. Su pelo era lo único que se mantenía totalmente intacto, aquella larga y lacia cabellera azabache que era simplemente irresistible. Decidió enjuagarse la boca para sacarse ese desagradable sabor, pero no se quito.
-Hoy no me baño- Pensó
Jules - Solo me peino y listo, ¿Quién
notaría la diferencia de todos modos?-
Se arreglo lo mejor que pudo y salio a la calle, ya era hora de ver el sol otra vez.
-Hoy nada de drogas, no, hoy resisto. Brilla el sol- Esa fue su promesa a si misma, eso se quiso cumplir. - Necesito distraerme-
Se acerco al teléfono público más próximo y marco el único número que recordaba. Una voz masculina respondió rápidamente.
-¿Hola?-
-Hola
Brad, soy
Jules-
-¡
Jules! tanto tiempo... ¿Pasa algo?-
-No, solo quería verte.. ¿Podes?-
-
Sisi, ¿Dónde y cuándo?
- ¿A las 3 en el bar ese nuevo por
Catamarca te parece bien?
- ¡Perfecto! nos vemos
Brad era el único amigo que le quedaba, los demás se habían alejado. Otros que decían ser sus amigos se habían alejado y a unos últimos la
sobredosis los encontró. Hacia mucho que no lo veía.¿Como reaccionaria el ante su aspecto? Bueno, lo estaba por descubrir. ¡Rayos! Ese amargo sabor no se iba
Ya eran las tres y cinco cuando
Jules llegó al bar. Ahí estaba el, puntual como siempre lo había sido, esperándola. Su sorpresa fue notoria al ver el aspecto de su vieja amiga pero por alguna razón no dijo nada al respecto.
-¿Porque no dice nada?¿
No le importo? Se que lo notó- pensó
Jules para si misma
- ¡
Hey!-
- ¡
Brad!¿ Cómo andas tanto tiempo? -
- Bien bien. ¿Vos?-
- ¡Si también- respondió ella en tono poco convincente-
Después de unos instantes y un poco de charla llego la camarera. El se pidió un café, ella una coca
zero. Como tantas veces el le dijo que eso era basura y ella le dijo que la dejara en paz con su vida. El gusto amargo había desaparecido.
-Me tengo que ir, ya es tarde- dijo el después de bastante tiempo
- Bueno anda- exclamo tristemente
Jules- No te pongas triste, ¿Nos vemos otro día?
- Si, claro
Se despidieron rápidamente y ella lo vio alejarse. Sabía que no se volverían a ver. El gusto amargo regreso más fuerte que nunca junto con un fuerte deseo de consumir. Más fuerte que nunca. No podía aguantar mas, de todos modos el sol ya no brillaba, solo seria otra promesa rota. Llamó a su proveedor y compro todo lo que pudo. Se sacaría ese horrible sabor drogándose si era necesario.
A la mañana siguiente se conoce la noticia de una chica a la que llamaban
Jules que fue encontrada muerta de una
sobredosis. Al otro lado de la ciudad un chico al que llaman
Brad llora, aquella que amaba murió. Ahora él tiene ese sabor amargo en la boca. El sabor de la soledad.